Un objeto llamado mujer

Por: Tatiana Mendoza 
temendoza88@gmail.com

La cosificación de la mujer llamó la atención del feminismo de la segunda ola, definiéndolo como un objeto de atracción sexual. Sin embargo, esto no es nada nuevo, se hace mención que en la historia de Francia del siglo XVII y XVIII se generó un intenso debate sobre la utilidad de los pechos femeninos.

Para hablar de cosificación, no se puede pasar por alto el consumismo, lo que la gente necesita. La sociedad y las altas influencias han creado la idea que, si no se tiene tal producto en casa, en la vida, no estás dentro de “la onda”. Y es así como todo se enreda y llega a un círculo vicioso, llamado oferta y demanda.

De lado del consumismo se encuentra la publicidad, son hermanas siamesas del hedonismo, ese placer que nunca tiene fin. Es de esta forma, bajo esta lupa que entra la mujer.

La mujer y el hombre bajo el cielo son iguales. Nacemos, crecemos y morimos. No hay diferencia, pero nos han sometido a la idea de que, para llegar a una mejor comprensión biológica y reproductiva, el hombre se engancha a los productos, viendo. Y bajo este paradigma el mercado está lleno de imágenes femeninos.

Mujeres semidesnudas promocionando carros, mujeres sugerentes lamiendo su comida incentivando el deseo de la gula, mujeres rodeadas por hombres que observan su cuerpo acostado y mirada lascivia.

Esto se ve todos los días, en cada segmento en la televisión, en cada publicidad que asoma en internet. Mujeres expuestas como carne en palito.

La mujer sometida a esta realidad, cree no tener otra opción. Las jóvenes se sienten atraídas a que esta situación es la única forma de tener dinero, de ser famosa, fama que desaparece una vez que aquella mujer ya no posee un cuerpo terso y sin arrugas.

Un sufrimiento terrible de llegar a la vejez, de que el chip de ser por siempre bonitas, de ser poseídas, de gustar a todo el mundo, de ser perfectas, implantado de generación en generación no se pueda desactivar.

La revolución de la mujer luchó por el empoderamiento, por decidir por sí misma. El feminismo actual define que nuestro cuerpo nos pertenece y que nosotras mandamos sobre él.

Entonces, ¿Qué tan difícil es empezar a decirle no a la publicidad patriarcal y chantajeada?

Cuando el chip de ser mujeres perfectas se desactive, cuando la mujer lea y se dé cuenta que no necesitamos ser más mujer. No es culpar al sistema, es poner un alto a la propina masculina.

El proceso es largo y el sueño corto. La mujer que se ama es real, y la realidad no es perfecta.

 

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