Manuel, el alma libre

Por: Belén López

Apenas emprendemos la ruta de entrada por la segunda puerta de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí, con el sonido de fondo del tránsito vehicular y el ir y venir de los estudiantes, está sentado un hombre de cabello largo, de barba prolongada de la que sobresalen las canas. ¡Es Manuel!

Diez y media de la mañana, y el hombre sentado en un banquito de metal fabricado por él ya tiene montado su “stand” con anillos, pulseras, aretes…y un sinfín de delicados detalles hechos por él  conforman el medio por el cual se gana la vida desde hace más de 30 años, desde que tomó la decisión de abandonar su tranquila vida en su  Colombia natal, y empezar de cero, no una sino más de 20 veces, las mismas en las que ha habitado una tierra y al poco la ha abandonado.

Lleva en Manta apenas tres días, toma en sus manos un trozo de metal y con gran destreza lo empieza a enlazar en una pequeña piedra los cuales a futuro serán un collar. Sus productos poseen precios muy variados, y es que él no deja de mencionar que este es su único medio de subsistencia; oficio que aprendió observando e intentando en una de sus múltiples aventuras.

El cielo que había amanecido nublado empieza a despejarse y “Manu, el errante” como le suelen llamar sus amigos por el mundo,  puesto que conoce casi toda Latinoamérica

a excepción de Chile y Venezuela, explica que es a Ecuador donde volvería una y otra vez. “Confieso que es la primera vez que pisé suelo ecuatoriano,  apenas contaba con 25 años y lo hice  de manera ilegal y haciendo dedo, pues la situación era otra”, reseña Manuel, mientras elabora artesanías con sus laboriosas manos.

En su cara las arrugas y los rasgos propios de la edad muestran las carencias y desvelos por los que tuvo que pasar a lo largo de su vida.

– “Mi vida no ha sido sencilla”, confiesa.

Tuvo una niñez difícil, sus padres a los 16 años le pidieron abandonar el hogar familiar sino se dedicaba a estudiar.

Él con espíritu viajero tomó la decisión de conocer el mundo y dejar todo atrás.

– “Empacas tus cosas y te vas, sino… nunca lo haces”, afirma con una sonrisa simulando una mueca.

Cuando mira atrás, dice no arrepentirse de nada, ni siquiera de no haber tenido hijos pues para él “el mundo está muy lleno de gente y muchos de ellos sin saber por qué están aquí”.

Así Manuel, con una media sonrisa se despide afirmando que su estadía en Ecuador esta vez también es pasajera pero que en este tipo de cosas “nunca se sabe”.

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