Otro día para morir

Por: Alison Ramirez

Jueves con cara de lunes. La línea diez como le dicen todos “la que recorre todo Manta”  va copada. En la radio suena “son las 7 horas con diez minutos” y todos cruzan miradas, “rayos” ,resopla alguien en el fondo, la mayoría de los ocupantes son estudiantes de la universidad, y vamos tarde.

Un estudiante camina rápido recordando que tiene clases con el profesor “fregado”, se lleva la mano a la cara y suspira, tiene cara de mal dormido, en sus adentros desearía haberse quedado en su cama un poco más.

Se abre la puerta, ingreso en silencio para no interrumpir la clase, el profesor sólo observa y prosigue, “ya tomó lista” ,susurra la comedida del curso.  “Vengo a clases por aprender no por la asistencia”, expresa esta frase y un par de compañeras ríe discretamente porque saben que no es cierto.

Pasan las horas mientras me esfuerzo  por comprender la diferencia entre ícono, símbolo e índice. Los integrantes de la fila de atrás observan como el aire acondicionado gotea y el agua se esparce por todo el suelo, el aire ya está “menstruando”, es toda una mujer.

Todos observan cada cinco minutos sus celulares esperando que pase rápido el tiempo.  “Profe, no es que lo quiera botar, ni que me quiera ir, pero ya es la una”, menciona un estudiante aburrido. Mucho ruido, jóvenes deseosos de salir, el maestro accede.

Ya en el bus, veo a todos lados “no puede ser, no puede ser, no creo ser tan tonta,  ¿y mi mochila?”, desesperada bajo del bus y regreso al aula.

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