EL PROFESOR UNIVERSITARIO

Ab. Carlos Intriago Macías, Ph.D

carlos.intriagomacias@gmail.com

 

He repetido hasta el cansancio en varios artículos publicados en este mismo espacio, que el profesor universitario es un ser humano superior por su amplia cultura y el bagaje de conocimientos adquiridos a través de los años.

Un docente es, ante todo, un trabajador social y un humanista a tiempo completo. Un proponente de los procesos de cambio, es un adalid del buen lenguaje, del buen decir de la palabra, que apasiona y conmueve conciencias con precisión y elegancia en sus estudiantes, es un labrador permanente de la paz y la armonía.

Sustentado desde lo filosófico, teórico y científico, no se puede concebir a un profesor universitario que tenga atributos de verdugo, complejos y resentimientos, que abuse de las virtudes y debilidades de sus alumnos; de las virtudes, que siendo un buen estudiante (lo aproveche) para actividades privadas o particulares a su beneficio. O de sus debilidades, que van desde el acoso sexual hasta la extorsión y sobornos.

Un docente universitario está revestido de altos principios éticos y morales; su magisterio supremo es la democratización de la enseñanza, es un líder, un idealista y un autonomista. Es un “creador de situaciones adecuadas y propicias, es un multiplicador de aprendizajes que el alumno debe realizar e interiorizar convenientemente” en el aula o en la vinculación comunitaria, ya que como dice Jiménez “la educación es una actividad humana hecha por el hombre y para el hombre y a escala humana.

El rol que asume el profesor universitario ante la sociedad es sacrosanto, porque es aquel que en el proceso de formación lo entrega a la sociedad para que sea un sujeto activo, proactivo, propositivo, innovador, creativo y potencializador del desarrollo y progreso, tanto individual como colectivo. Es un generador de ideas positivas que busca elevar el nivel de los cambios que suministra la dinámica de la economía de su entorno social.

Entonces, volvemos a remarcar lo que es un docente universitario, que de acuerdo al Programa de Mejora e Innovación de la Universidad de Zaragoza, (2004), considera al docente universitario un mediador entre el conocimiento y el alumno, un facilitador del aprendizaje, un tutor, un organizador, un orientador y supervisor del trabajo y del aprendizaje discente, es un ser experto en un área de conocimiento, un ser reflexivo, motivador y un modelo ejemplar de conducta.

La cándida palabra PROFESOR está revestida de pureza, de principios, de autenticidad y de compromiso. El profesor es ciencia e investigación, como decía Martí: “el educador debe depositar en cada hombre/mujer toda la obra humana que le ha antecedido”.

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